Los Achachilas

Espíritus tutelares que protegen a los pueblos y que encarnan la presencia de los antepasados. Habitan las montañas y los cerros, cerca de las comunidades; vigilando, compartiendo los sufrimientos y dando bendiciones.

Los hombres los veneran y les ofrecen oraciones y ofrendas.

Existen las achachilas grandes identificadas con las montañas más altas de la cordillera andina; son los protectores de toda la raza y de todo el territorio ocupado por ellos. Otra clase son los que habitan los cerros que rodean las comunidades y protegen a cada una de ellas.

Algunos señalan que son hombres que han dejado la tierra para ayudar a su pueblo, personificándolo como un anciano con barba blanca.

El vocablo, a veces, es aplicado a otros tipos de espíritus protectores: “iglish achachila” protector de la capilla, o “anisiña achachila” protector de la unión sexual. También para denominar al más anciano de la comunidad que en las ceremonias ofrece oraciones y libaciones a la Madre Tierra.

Agosto es un período de gran importancia ceremonial en el altiplano aymara. Es el momento en que la tierra (pachamama), según cuentan los indios aymaras, se “abre” para recibir las ofrendas rituales que necesita para recuperar su vigor y fortaleza una vez transcurrido el invierno. Por eso le dicen lakrani phaxi, “el mes que tiene boca”.

En agosto las familias aymaras realizan ofrendas ceremoniales en las chacras de cultivo y acuden a las cumbres de los cerros donde se encuentran los venerados achachilas(tutores ceremoniales de la montaña), a realizar las ofrendas y quemar las mesas rituales con la intención de satisfacer el apetito ceremonial que las montañas y la tierra padecen antes de iniciarse el nuevo ciclo productivo; una vez efectuado el ritual, la tierra aparece simbólicamente preparada para que comiencen las labores de la siembra en todo el altiplano a partir de Septiembre y Octubre. La pachamama, “madre tierra”, se “abre” el mediodía del primero de agosto. Es el momento óptimo para realizar las oblaciones rituales y expresar al mismo tiempo los ruegos y deseos que se esperan obtener a lo largo del año. A la pachamamay a los achachilas hay que pedirles, con insistencia y comedimiento, que ayuden en el desarrollo del nuevo ciclo agrícola, que no falte la lluvia, que los cultivos crezcan y extiendan sus tonos multicolores en los meses de febrero y marzo, que el envidioso granizo no baile sobre las calaminas ni golpee las sementeras, que se vaya a otras comunidades, junto con la escarcha y la helada, sus “flojos” hermanos, a robar el fruto del trabajo humano.

Fuente: Fernández J.,G.;Kharisiris y violencia ritual



 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>